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Saludos

Excelencia Reverendísima Mons. Antonio Camilo, Obispo de La Diócesis de La Vega; Gran Canciller de la Universidad Tecnológica del Cibao, UCATECI.
Excelencia Reverendísima Mons. Fausto Mejía, Obispo de San Francisco de Macorís.
Honorables Miembros de la Junta de Directores de nuestra Universidad Tecnológica del Cibao.
Distinguidos Rectores de Universidades hermanas.
Miembros de del Consejo Universitario de UCATECI.
Autoridades Civiles y Militares.
Apreciados profesores, personal administrativo, estudiantes de nuestro alto centro de estudios, exalumnos de UCATECI, familiares y amigos  todos.

Agradezco sinceramente la acogida brindada a mi humilde persona para desempeñar una tarea de tanta relevancia como es la de ser Rector de esta Alta Casa de estudios,  la Universidad Católica Tecnológica del Cibao, UCATECI, con su asiento principal en La Ciudad de La Vega. He aceptado esta encomendada sin pensarlo detenidamente, confiando en Dios, quien sostiene toda la creación haciendo circular el aire y permitiendo que la sabiduría se desborde en nuestras mentes.

Agradezco a nuestro Padre Dios la vida, la familia, la fe, su llamado a ser participe del sacerdocio de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Redentor y las oportunidades para crecer en el conocimiento de las ciencias humanas y la experiencia en el desempeño de ministerio pastoral, especialmente en el campo de la enseñanza  en la formación de los sacerdotes del país y en la Parroquia Santa Cruz de Yaguate, donde me he sentido como en mi casa.

A partir de este momento comienza en mi vida una nueva tarea de responsabilidades en la conducción de este Centro Académico que se apresta a celebrar sus 30 años de servicio a la región y al país desde la fe cristiana que inspirara a su fundador  Mons. Juan Antonio Flores, entonces Obispo de La Vega, de crear una Universidad para La Vega y el Cibao, que impulsara el desarrollo y facilitara la continuación de los estudios a los estudiantes de su territorio diocesano.

Considero que Dios nos pide, a quienes hoy estamos al servicio de esta región,  el continuar transmitiendo los valores humanos y cristianos recibidos de nuestros predecesores que forjen la integridad de los hombres y mujeres, de sus personas y de sus familias, en sus hogares y lugares de trabajo. En este sentido, no sólo nos toca cosechar los frutos de la siembra de Mons. Juan Antonio Flores Santana, Mons. Benito Ángeles Fernández  y Mons. Fausto Mejía y de sus colaboradores, sino que nos corresponde seguir sembrando, velando atentamente y haciendo que en justicia la obra iniciada crezca para bien de las futuras generaciones. Con la ayuda de Dios, la dedicación al trabajo tesonero, la entrega y dedicación del personal de UCATECI queremos mantener y situar los logros recibidos en resultados de progreso  y sabiduría  conforme el lema de nuestra  Universidad.

Veo la Universidad como un evento humano que se abre proceso hacia el horizonte de nuestra región cibaeña y del país, como visualizara Rómulo Gallegos la llanura toda selva venezolana, en su novela Doña Bárbara, comparándola a “una estrella en la mira”, “toda horizontes, toda caminos”. Esta Universidad es nuestra estrella en cuanto guía nuestros pasos por el camino de la verdad, del progreso, del saber para liberarnos de las ataduras de los males  que es la ignorancia, como diría el viejo estagirita o como guió a los Reyes Magos hacia el Salvador, camino verdad y vida en una cueva de Belén.

Esta Universidad como fuente de saber,  tiene la tarea de multiplicar caminos que amplíen sus propios  horizontes  y el horizonte de sus estudiantes y profesores en la rama del saber y su aplicación en la sociedad  y en la demanda de la producción nacional.

Es nuestro compromiso preservar y extender el crecimiento del saber práctico de acorde con la ética católica en su apego a la verdad y a la defensa de los valores de la vida humana.

Debo recordarme a mi mismo y a todo el personal docente que la labor universitaria es un apostolado, es decir,  responde a una misión que ha de desempeñarse en libertad y amor. Sólo nos mueve el amor a la verdad y el ideal de que nuestros pueblos puedan vivir dignamente, de forma que los jóvenes tengan “auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad”, como dijo el Papa Benedicto XVI a los profesores universitarios peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011

El profesor universitario debe fortalecer su vocación de maestro que dedique sus energías a clarificar las mentes juveniles de las trampas del utilitarismo del mercado y del servilismo social, abriendo paso al camino de la verdad y de la libertad, valores ambos que debemos abrazar, y defender con humildad y apertura, siendo conscientes de nuestras limitaciones.

La realización de la gestión como Rector que hoy inicio se apoya en todo lo ya logrado y recibido,  pero descansará en las iniciativas, en el entusiasmo y en la dedicación al trabajo del personal docente y administrativo. Vengo a colaborar con ustedes, a escucharles y a animarles, a trazar planes que nos permitan crecer juntos como una familia que persigue un mismo ideal: que UCATECI brille como una estrella en el horizonte, como academia en búsqueda de la verdad del conocimiento, del progreso y desarrollo de los pueblos y razón de ser felices  mientras nos entregamos por aquellos a quienes amamos: nuestras familias, nuestros niños y niñas, nuestra Patria.  “Sed justos, lo primero, si queréis ser felices”, dijo nuestro padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, en el castellano de su padre el español Juan José Duarte. Juntos seremos grandes y conquistaremos el mundo no `por la sabiduría adquirida, sino por la sabiduría aplicada en acción justamente.

Esta frase del Padre de la Patria debe ser norte de nuestro trabajo en UCATECI. Ser honestos, ser responsables en el cumplimiento de nuestro deber, en el ejercicio de la docencia, en la administración y del estudio.

Debemos  agotar todas las posibilidades para lograr una Academia que sobresalga por la calidad de su personal docente; por conducir planes y estrategias que permitan que el estudiante sea el protagonista que pone en acción sus sueños, y logre visualizar sus metas y correr tras ellas; una academia orgullosa de sus egresados porque son hombres y mujeres modelos en el cumplimiento de su desempeño profesional, espejos que reflejen en su integridad personal, los valores que impregna nuestra Universidad.

De manera que donde esté un egresado o un miembro activo de UCATECI podamos decir como decía  Cicerón a sus discípulos “ustedes son la corona que ciñe mi frente”.

Nos proponemos mantener en alto el orgullo del pueblo de La Vega por su Universidad. Por lo tanto  nuestro trabajo estará orientado grandemente en forjar una gestión con la misión y la visión de UCATECI, promover el crecimiento cognoscitivo de su cuerpo profesoral y fortalecer la educación en valores de su cuerpo discente.

Sabemos que para lograr una personalidad íntegra, debemos predicar con el ejemplo. UCATECI cuenta con un cuerpo docente y un personal administrativo con vocación de servicio, muchos de los cuales han entregado parte de sus vidas, con sumo entusiasmo, poniendo hasta de sus propios recursos económicos. Yo vengo como hijo de esta tierra y como sacerdote a unirme a su entrega para aportar mi granito de arena.

Vengo a La Vega, el pueblo que me vio nacer, después de muchos años en el servicio sacerdotal de la Iglesia, por varios pueblos del Sur del país en las diócesis de San Juan de la Maguana y de la Parroquia Santa Cruz de Yaguate, diócesis de Baní, donde he sido feliz y me he sentido como en familia.

Vengo después de años dedicados a la formación sacerdotal y a la docencia del Seminario Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo. Después de más de 20 años de apostolado en el nombre de Jesús, me piden que venga aquí, a UCATECI.

Traigo conmigo pocas cosas materiales; mas bien soy portador de mis vivencias de fe. Aunque he dedicado varios años al estudio y a la enseñanza, he aprendido más pensando y reflexionando sobre el ser humano y su sentido en el mundo y en Dios. Yo siento que mi misión en esta Universidad es algo de Dios, por lo tanto vengo a esta Universidad con mis vivencias y con el espíritu de Dios, el Espíritu Santo y en mi maleta traigo algunos quieros.

Quiero lo que quiere Jesús. San Pablo exhortaba a los cristianos diciéndoles: tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Y Jesús dijo a sus discípulos: “Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt5,48).

Jesús nos pide que seamos diferentes a otros; tenemos que ser perfectos. No podemos cultivar en la Universidad la mediocridad. Tenemos que destacarnos siendo los mejores en amar el conocimiento y amar enseñarlo. Jesús nos pide  crecer en la perfección del amor. Tenemos que sentir amor por cada uno de nuestros estudiantes, por cada profesor, por cada persona que se acerca a nosotros; por nuestra familia, por la Patria, por la Iglesia, por nuestra clase, por nuestros compañeros de trabajo, por nuestra Universidad. Nadie hace el mal a los que ama.

Quien ama hace la diferencia, es el mejor ante Dios. Es el perfecto. Cultivemos en nuestra universidad el amor al estudio, a la verdad científica. Que nuestra universidad innove, investigue, trabaje y cultive los valores para hacer la diferencia.

Este es el primer quiero: el de la perfección.  Ser la mejor universidad, aunque nos lleve toda la vida; porque no hay término o límite en la perfección. No basta con que lo quiera yo solo, pero sé que ustedes, lo quieren también. Esto es lo importante. Tenemos que trazar una planeación que nos permita ver y medir nuestras metas hacia la perfección.

Dijo el Santo Padre Benedicto XVI: “No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor'. Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador”.

El segundo quiero que traigo es el esfuerzo. “El Reino de los cielos es de los que se esfuerzan” dijo Jesús. No bastan las buenas intenciones.

No basta decir quiero ser; debo esforzarme. Jesucristo vino al mundo y nos dijo que el Reino de los cielos está entre nosotros, para poder participar de él tenemos que esforzarnos. Entrar por la puerta estrecha (Lc 13,24)

Porto conmigo este otro ideal, el del esfuerzo. Decimos que los grandes logros cuestan sacrificios. Trabajo y esfuerzo por una obra buena implica la moral. Demóstenes, político y orador ateniense, era tartamudo, sabía que la persistencia y la tenacidad hacen milagros, entonces comenzó a ir a las montañas y llenar de piedras su boca y comenzó a hablar sin tartamudear, él mismo nos dice: “El que no hace un esfuerzo para ayudarse a sí mismo, no tiene derecho a solicitar ayuda a los demás”. Hoy recibimos una Universidad  pujante, creciente, fruto del esfuerzo de muchos que durante casi 30 años han renunciado a cosas buenas de la vida como un paseo, un descanso por cosas mejores: reuniones de planificación, conducción de estrategias, tocar puertas, etc.

Quiero acompañarles en estos años con mi esfuerzo, mis desvelos, mis sacrificios para que nuestra Universidad sea un faro del saber que fruto del esfuerzo de sus forjadores pone al día su personal docente, y administrativo y de desarrollo para ofrecer a la sociedad profesionales íntegros y cualificados capaces de hacer alumbrar sus cerebros con soluciones a los problemas del momento en el campo empresarial y social.

El tercer quiero que traigo en mi alforja a la universidad son tres valores que me han costado mucho esfuerzo y a veces lágrimas. Curiosamente, a los pocos días de mi llegada a UCATECI, un profesor, me deseo la fe de Abraham, la paciencia de Job y la sabiduría de Salomón. Estos tres valores han sido mi afán durante tiempo. Algo he logrado y lo traigo para ponerlo a disposición de la Universidad en mi desempeño junto a todo su personal.

Quien tiene fe moverá montañas, dice Jesús. Confiar, creer,  tener fe, y querer tener fe. La fe es un regalo de Dios, pero también es una respuesta nuestra. Debo querer tener fe, o al menos decir como Pedro a Jesús: creo Señor, pero aumenta mi fe. Sé que el azar no mueve las cosas. Tengo que acompañar mi fe con decisiones, trabajo y fuerza de voluntad; también con disciplina. Sin mis decisiones propias la fe, la constancia y la sabiduría se quedan como meras posibilidades. Estas realidades no existen en si mismas, son objetivizaciones, existen en nosotros.

Dios las pone en nosotros, pero tenemos que hacerlas realidad. Abraham decidió  creer en su Dios y no en otros, y se dirigió en busca de su estrella; no se amilanó ante las vicisitudes. Hoy es el Padre de la fe. También la Virgen María creyó al Ángel cuando le anunció que sería madre del Redentor del mundo. Dijo “Hágase en mi según tu voluntad”. Queridísimos, la fe que yo traigo es mi fe en Dios y desde él en mi y en ustedes Creo que esta misión que asumo es una obra de Dios y la pongo en manos de María Santísima, que como bien dice el Documento de Puebla 1979 es Madre y Modelo de fe. A su intercesión confío la constancia de Job y la sabiduría de Salomón.

Soy consciente de mis limitaciones, de los imprevistos que surgen a cada paso, y sobre todo sé que para lograr nuestras metas tenemos que adquirir recursos humanos y económicos. Estos recursos están ahí, a la puerta, o descansando en alguna fuente no descubierta todavía, dentro de nuestro pueblo o fuera de él. Si trabajamos unidos y con fe en Dios que no nos deja solos, si creemos que podemos, llegaremos a conquistar las metas que nos tracemos.

Termino con una historia que llegó a mí, en alguna de mis lecturas:

Cada mañana en África, sale el sol y se levantan las gacelas.
Saben que deberán correr más rápido que el león más veloz o morirán.
Pero cada mañana también se levantan los leones.
Saben que deberán correr más rápido que la más lenta de las gacelas o morirán de hambre.

El dilema no es si eres león o gacela, la verdad es que cada mañana, cuando salga el sol, tendrás que correr más y mejor.

Esto lo podemos aplicar en la búsqueda del conocimiento y en su buen uso .-

(versión del libro “La buena suerte” (Alex Rovira y Fernando Trias de Bes))

La Vega, 14 de Agosto del 2012

Muchas Gracias
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